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turismosobrarbe.comComarca de Sobrarbe

Naturaleza

Flora

Flora

La vegetación del Sobrarbe presenta un gran interés y originalidad debido a la convergencia de diversas influencias: mediterráneas, atlánticas o de alta montaña, que originan multitud de hábitats y comunidades vegetales, y que resulta sorprendente para un territorio tan pequeño. Son las formas del relieve las que permiten explicar las principales diferencias paisajistas. La alternancia de solana-umbría y algunos fenómenos locales de inversión térmica, exagerados por un relieve abrupto, son responsables de la distribución de un buen número de comunidades.



Podemos encontrarnos desde una flora marcadamente alpina en las altas montañas, a plantas típicamente mediterráneas en las sierras y valles del bajo Sobrarbe, pasando por todos los pisos intermedios.

Las zonas más bajas y secas son ocupadas generalmente por los carrascales, acompañados de enebros, tomillos o sabinas; y en los suelos más pobres bojes y aliagas. En las zona media el árbol más característico es el pino negral, escaso en el resto del Pirineo pero abundante aquí debido a la continentalidad del clima, además del quejigo. Son destacables las amplias extensiones de cultivo cereal, sustitutivas de los antiguos viñedos, olivares y almendros, y que hoy forman parte del paisaje tradicional.



El pino royo, árbol más frecuente en Sobrarbe, suele preferir las umbrías, ascendiendo hasta los 1.800 mts de altitud, donde cede el terreno al pino negro capaz de resistir los rigores del clima más extremos. Y en los enclaves más húmedos, como fondos de valles y zonas frescas, se encuentran bosques de especies frondosas como hayas o abetos. Aunque en ocasiones veremos bosques mixtos de hoja caduca de arces, serbales, tilos, avellanos, abedul, álamo temblón, cerezo silvestre etc. sobre todo en fondos de valles. Junto a los ríos sauces y sargueras, adaptadas a los embates de las crecidas o chopos que gustan de la presencia constante de agua en el subsuelo.







A partir de los 2000 a 2.300 mts de altitud solamente encontraremos pastos (tasca alpina), aprovechados por vacas y ovejas en verano, en los que crecerán numerosas flores como narcisos, lirios, orquídeas, gencianas, acónitos etc. Y destacaremos también las praderías de siega ubicadas en lugares más fértiles, rodeadas además por fresnos y avellanos marcando así los lindes de los prados y que constituyen preciosos paisajes tradicionales humanizados.








En cuanto a especies raras y curiosas podremos encontrarlas en los roquedos, donde la vida resulta muy difícil. Se refugian en los carasoles o rincones abrigados y son supervivientes de lo que fue la flora de la Edad Terciaria. Destacaremos la petrocoptis crassifolia, exclusiva de esta zona; la grasilla, que ha desarrollado el carnivorismo comiendo insectos como complemento a su dieta; la pinguicola logifolia, que es exclusiva de las montañas sobrarbesas siendo frecuente en Añisclo; y las androsace pyrenaica y la cylíndrica, ambas endémicas de estas zonas y además amenazas y catologadas. También gustan de canchales o pedreras como la borderea pyrenaica.






En zonas de bosque y umbría habitan verdaderas joyas, aunque en serio peligro de extinción, de las destacamos la orquídea zapatito de dama (cypripedium calceolus).