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Patrimonio Cultural

Gótico, Renacimiento y Barroco

Retablo de San Vicente de Labuerda

El conjunto parroquial de San Vicente de Labuerda, de gran interés monumental, está compuesto principalmente por la iglesia de San Vicente (Bien de Interés Cultural), la casa abadía y el esconjuradero (Bien de Interés Cultural) situado a la entrada del recinto.


Se fue configurando paulatinamente a lo largo de la historia, pues la iglesia es un edificio románico que puede fecharse en el siglo XII, la abadía se construyó en 1568 y el esconjuradero en un momento desconocido de la Edad Moderna. La iglesia, que constaba originalmente de una única nave y una cabecera semicircular, sufrió diversas ampliaciones, pues en el siglo XVI se le adosaron las dos capillas del lado norte, la sacristía y la torre, y en el XVII le fue añadida otra capilla y el pórtico del lado sur.



Su única nave está presidida, desde la cabecera, por un magnífico retablo dedicado a San Vicente, el titular de la iglesia.

Es una obra de Juan de la Abadía el Viejo, un conocido pintor de retablos procedente de Huesca cuya vida profesional está documentado entre 1472 y 1498; los historiadores sitúan el retablo de San Vicente en su última época, datándolo entre 1490 y 1497, época en la que realizaría también el retablo de San Blas para la ermita del mismo nombre en Broto.

Es un retablo de grandes dimensiones. Sobre una predela rectangular, se dispone el cuerpo del retablo, estructura en dos pisos horizontales y tres calles verticales; el conjunto está rematado por el habitual ático, sobresaliente en altura por la zona central, con una representación del calvario.


En la predela, como es habitual en esta época, se disponen una serie de santos: san Pedro, santa Catalina de Alejandría, santa Bárbara, santa María Magdalena, santa Lucía y san Pablo. Son obras de menor calidad que las del resto del conjunto, por lo que es muy posible que no fueran realizadas directamente por el maestro, sino por algún miembro de su taller.

En el piso principal, ocupa la parte central el santo titular, sosteniendo la palma del martirio y acompañado por la rueda de molino junto a la que fue arrojado al mar. Está flanqueado por varias representaciones de santos, en este caso todos masculinos, entre los que destacan san Esteban y el arcángel san Miguel, representado pesando las almas durante el Juicio Final y sojuzgando al diablo.

Sobre este piso se disponen cuatro tablas con escenas de la vida de san Vicente, que deben leerse de izquierda a derecha: san Vicente ante el juez, flagelación del santo, martirio en la cruz y san Vicente arrojado al mar.




Nos encontramos ante una obra de la época final del gótico, durante la que confluyen en la Corona de Aragón influencias venidas de Flandes con tradiciones locales que llevan la pintura hacia un mayor realismo en la representación del natural, lo cual es perceptible en esta obra tanto en los rostros de los principales personajes (donde se advierte la mano del maestro) como en los fondos paisajísticos de la escenas de la vida del santo.

En estas últimas, aparte de una mayor preocupación por los detalles naturales, puede apreciarse una voluntad por representar el espacio y la profundidad, según los principios de la perspectiva (por ejemplo, en la escena en la que el santo es arrojado al mar).

Otros rasgos característicos del autor son la elegante gravedad de los personajes, el uso del claroscuro y del sombreado para la representación del volumen (véanse, por ejemplo, los rostros de los santos del piso principal) y el gusto por una paleta oscura en la que predomina la gama de los marrones.