ARTE RUPESTRE

Enclave:

Ruta a los abrigos de Barfaluy y Lecina Superior

  • Horario estimado :45 minutos (sólo ida)
  • Distancia :2,2 km
  • Desnivel acumulado :Positivo: 144 m; Negativo:100 m
  • Altitud :Máxima: 837 m; Mínima:743 m
  • Tipo :Lineal
  • Dificultad :Baja
  • Itinerario :Perfectamente señalizado y definido
  • Desplazamiento :Todo el recorrido por senda

Mapa

ELEMENTOS DE INTERÉS

Parque Cultural del Río Vero, conjunto urbano de Lecina, Carrasca de Lecina, aves rapaces, Cañón del río Vero, Barranco de la Choca.

ENCLAVES ARQUEOLÓGICOS PREHISTÓRICOS DE INTERÉS:

Enclaves arqueológicos prehistóricos de interés: tres abrigos de Barfaluy con arte rupestre y abrigo de Lecina Superior (Arte Esquemático, 5.000 - 1.500 a.C.).

DESCRIPCIÓN

El Cañón del Río Vero ha guardado durante milenios uno de sus mayores tesoros, un excepcional conjunto de cavidades con arte rupestre prehistórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Gracias a esta ruta vamos a visitar los abrigos de Barfaluy y Lecina Superior, en los que se conservan numerosas pinturas del Estilo Esquemático, obra de los pueblos agroganaderos del Neolítico e inicio de la Edad de los Metales.

Tanto si se parte de Aínsa como de Boltaña, se deben tomar las respectivas carreteras que conducen a Guaso y al Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Seguir la carretera A-2205 en dirección a Arcusa y Bárcabo. 3 km más tarde tomar el desvío en dirección a Lecina.

La ruta comienza en el aparcamiento de Lecina situado en la entrada de la localidad. Varios paneles informativos nos recuerdan que este sector de la Comarca de Sobrarbe cuenta con un patrimonio natural y cultural sobresaliente.

Ascendemos por la carretera hasta llega a la plaza del pueblo.

Lecina conserva un casco urbano armonioso y organizado en torno a una calle principal y su plaza.

Cuenta con un notable conjunto de edificaciones representativas de la arquitectura popular de la zona, siendo la piedra y la teja árabe los materiales más utilizados. También resulta de gran interés el elevado número de casas blasonadas y diversos elementos etnográficos, como las grandes chimeneas, la herrería o el "cubierto".
En la plaza se encuentra la oficina de información y espacio expositivo "Antonio Peñart", que puede visitarse durante los periodos vacacionales.
En la parte sur existe una mesa informativa acerca de la ruta que vamos a realizar.

Debemos tomar la calle situada junto a este panel.

Tras rodear las últimas casas del pueblo, dejamos a nuestra izquierda la Fuente de Pocino. Unos metros más adelante llegamos al inicio del sendero que nos llevará a los abrigos de Barfaluy.

A lo largo de todo el itinerario encontraremos un gran número de señales verticales.

El sendero inicia un suave descenso entre largos muros de piedra, construidos sin ningún tipo de argamasa. Esta arquitectura, llamada de "piedra seca", es uno de los elementos más característicos y sobresalientes de Lecina y Betorz.

Tras 5 minutos desde el inicio, alcanzamos la Fuente de Fuendiós. Merece la pena visitar este pozo-fuente y descender por las escaleras hasta alcanzar el nivel del agua. No resulta difícil imaginar el inmenso valor que adquirieron los manantiales durante milenios. Ya en la Prehistoria, los grupos humanos tuvieron que abastecerse de agua, lo que propició la creación de los primeros asentamientos permanentes.

Huertos y pequeños olivares, hoy abandonados, nos acompañan mientras continúa el descenso. Al llegar a un nuevo desvío, donde se indica la Ermita de San Martín, debemos tomar el camino de la derecha hacia Barfaluy.

A partir de aquí los antiguos campos de cultivo desaparecen y pasa a dominar el árbol mediterráneo por excelencia, la encina o carrasca. El extenso bosque que atravesamos se conoce en la zona como Selva de Lecina.

Tras un suave ascenso llegamos a un pequeño collado (10 minutos desde el inicio) donde la senda atraviesa un camino que debemos ignorar.

Desde aquí, y hacia el norte, podemos ver una nueva panorámica de Lecina y parte del Pirineo al fondo, con picos como Cotiella, las Maladetas o el Turbón.

El sendero desciende hasta el cauce del barranco Basénder, donde una señal nos indica que debemos continuar por la derecha.

El tramo de sendero que queda por recorrer sigue atravesando el oscuro carrascal. La soledad, la calma y el silencio nos acompañan.

También la roca caliza es protagonista a cada paso, pues aunque cueste creerlo, estamos caminando sobre el fondo de un viejo mar que cubrió buena parte de Sobrarbe hace 45 millones de años.

Es constante la presencia de grandes acumulaciones de roca muy fracturadas, debido al efecto de cuña que produce el agua al congelarse cuando ésta ha penetrado en las fisuras.

Este fenómeno se dio con gran intensidad durante la fase final de la última glaciación.

La Selva de Lecina también guarda el recuerdo de un oficio tradicional ya desaparecido, la obtención de carbón vegetal mediante el uso de carboneras. En el interior del carrascal se creaban explanadas, necesarias para amontonar los troncos de leña de los que se obtenía el carbón. Llama la atención el color rojizo del suelo, fruto de la acción persistente del fuego de las carboneras.

Para conocer más detalles del oficio, junto una de estas explanadas encontramos un panel interpretativo.

Tras 45 minutos de camino, y por sorpresa, se descubre ante nosotros un grandioso paisaje. Por fin hemos llegado a los farallones rocosos del Barranco de la Choca, principal afluente del río Vero.

Antes de llegar a Barfaluy, tenemos la opción de desviarnos por una senda que arranca a mano izquierda para visitar el yacimiento de Lecina Superior, un amplio abrigo orientado al oeste. Alberga pinturas esquemáticas en rojo, negro y blanco y subesquemáticas en color negro, localizadas en seis sectores. También existen grabados modernos de cruces y aspas.

Tan sólo nos queda recorrer los últimos metros de sendero. Volviendo tras nuestros pasos y descendiendo por unas escaleras metálicas llegamos a nuestro destino: el conjunto de los abrigos de Barfaluy, formado por tres pequeñas cavidades alineadas que miran al medio día. Todas ellas conservan numerosas figuras de animales, seres humanos y signos pertenecientes al estilo conocido como Arte Esquemático (5.000 - 1.500 a.C).


Además del enorme valor arqueológico que posee el conjunto pictórico, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial, también destaca el valor etnológico del lugar.

Hasta mediados del siglo XX estos abrigos se utilizaron como colmenares para la obtención de miel.

Por ello, en Barfaluy todavía se conservan algunas colmenas tradicionales o "arnas" elaboradas con caña.

Ya en la Prehistoria supieron aprovechar este manjar, tal como atestiguan las pinturas del abrigo de Arpán (Arte Levantino, 6.000 - 4.000 a.C.) localizado en un barranco próximo y al que se puede acceder gracias a las visitas guiadas que ofrece el Parque Cultural del Río Vero.

Tras disfrutar de estas pinturas y de un magnífico paisaje, tan sólo nos queda regresar por el mismo sendero hasta Lecina. Una vez en el pueblo, no podemos dejar de pasear por sus calles y visitar uno de los árboles más bellos y longevos de Aragón, la Carrasca de Lecina, siguiendo la señalización vertical desde la plaza.

Esta encina milenaria ha jugado un papel importante en el imaginario colectivo de las gentes del país, protagonizando leyendas y tradiciones. A su cobijo se sellaron pactos entre ayuntamientos, acuerdos judiciales y bodas. Actualmente goza de una excelente salud y sigue produciendo bellotas de gran calidad y con sabor dulce, por lo que también se la conoce como "La Castañera".

Una leyenda local cuenta que las brujas del lugar solían reunirse en un gran carrascal.

En cierta ocasión, la carrasca más joven se enfrentó al resto, ya que no quería servir de cobijo al grupo de hechiceras. Tanto empeño puso el pequeño árbol que consiguió que las brujas abandonaran el lugar. Pero antes, quisieron conceder un deseo al resto de carrascas. Unas pidieron que sus hojas se convirtieran en oro y otras en cristal.

El último grupo quiso que sus hojas desprendieran un delicioso perfume. Pero aquella ilusión duró muy poco, ya que pronto sopló un viento fuerte que hizo añicos las hojas de cristal, un grupo de ladrones arrancó las valiosas hojas de oro y los rebaños de ovejas devoraron las apetitosas hojas perfumadas.

Todas las carrascas murieron, excepto una, la más joven de todas ellas, pues quiso seguir siendo tal como era. La pequeña carrasca llegó a convertirse en el majestuoso árbol que hoy podemos contemplar y admirar.

RECOMENDACIONES

Es necesario llevar agua y calzado de montaña.