Sobrarbe es país de montañas. En pleno Pirineo central, aquí se alzan magníficas cumbres como el Monte Perdido o el Posets y perviven los últimos glaciares que dieron origen a nuestros diferentes valles. Sobrarbe es puro Pirineo salvaje.
Iglesia de San Salvador, S. XVI
Macizo de Tendeñera
Iglesia-fortaleza de San Pedro (s. XVI) y Cárcel de Broto (Museo)
El Parque Nacional en otoño
Puente de San Nicolás
Parque Nacional de Ordesa
Atravesado por el gran río Ara, el último río salvaje del Pirineo, el valle de Broto es la entrada mágica al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido donde descubrir un paisaje único, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Un valle de histórica tradición ganadera donde disfrutar del senderismo, la naturaleza y experiencias únicas como la ferrata de la Cascada de Sorrosal o pasear a caballo en Sarvisé por sus fantáticos bosques multicolor en otoño.
Realiza alguna ruta en Bujaruelo, sorpréndete con la Cárcel de Broto, disfruta de la arquitectura tradicional de sus maravillosos pueblos y saborea sus conocidos quesos de montaña o la excelente Ternera Valle de Broto.
El último río salvaje
y ribera de Fiscal
El renacer de un pueblo
Pórtico de Jánovas
y sus depoblados
Antaño amenazado por un pantano, hoy el río Ara discurre libre por la Ribera de Fiscal y las chimeneas de Jánovas vuelven a echar humo en invierno.
El último gran río salvaje de los Pirineos y sus aguas limpias ofrece ideales jornadas de kayak o pesca en un paisaje vibrante que invita a recorrerlo a pie o en bicicleta. Desde Fiscal parten numerosos senderos que ascienden hacia La Solana, un conjunto de antiguos pueblos hoy deshabitados donde aún se respira la historia y la arquitectura tradicional de montaña. Sus caminos son perfectos para el senderismo y el MTB, con rutas que combinan naturaleza salvaje y patrimonio rural.
Fiscal y el Ara conforman así un espacio único para quienes buscan experiencias activas rodeadas de naturaleza pura y un Sobrarbe con alma.
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
San Juan y Pablo, prerrománico, s. XI
Gargantas de Escuaín
Arquitectura tradicional, Fanlo
Típica vista: Mondoto, Añisclo y Monte Perdido
El barranco, la faja y Castillo Mayor
Despoblado
El Cañón de Añisclo y las Gargantas de Escuaín forman uno de los paisajes más sobrecogedores del Sobrarbe. Tallados durante milenios por el agua, estos desfiladeros muestran paredes verticales y cascadas que convierten cada paso en una experiencia sensorial inolvidable. En la parte alta del territorio se asientan Fanlo, Puértolas, Buerba, Bestué o Tella, bellos pueblos que conservan la esencia pirenaica y ofrecen miradores privilegiados en pleno Parque Nacional de Ordesa.
En Tella destacan su conjunto de ermitas románicas y el dolmen megalítico, testimonio de las culturas prehistóricas que habitaron estas montañas. Añisclo y Escuaín reúnen naturaleza pura, patrimonio y silencio: un paisaje que invita a detenerse, mirar y sentir el Sobrarbe en estado original.
La cara Norte de Monte Perdido
El ibón con mayúsculas
La magia de Chistau
Puerto de Barrosa y Lacs de Barroude
La Comuna, Chistau
Los valles de Bielsa y Chistau representan el Sobrarbe más salvaje: montañas imponentes como el Monte Perdido (Punta Tresesols, 3.355 m) o el Posets (Lardana, 3.369 m), ibones, grandes bosques y una naturaleza que invita a la aventura.
Bielsa, acceso al valle de Pineta en pleno Parque Nacional, destaca por sus rutas de alta montaña, MTB, barrancos y un patrimonio vivo como el Carnaval de Bielsa. Chistau, con bellos pueblos como Gistaín, Sin o San Juan de Plan, mantiene una identidad cultural única, visible en sus danzas, su gastronomía y su carnaval. El valle de Chistau y su Parque Natural Posets-Maladeta es un entorno ideal para el senderismo, el esquí de montaña o la observación de fauna.
Dos valles espectaculares donde paisaje, cultura y lengua propia (el aragonés, belsetán y chistabín) y actividades al aire libre se combinan en su máxima expresión.